La fotografía científica:

Se trata de un medio de registro y difusión de la realidad. En función del tamaño de la imagen resultante en relación con el tamaño del objeto distinguimos entre fotomacrografía y fotomicrografía. La fotomacrografía es aquella que permite realizar una imagen con detalle de sujetos y estructuras de grandes o pequeñas dimensiones, con una relación de ampliación de 1:1, mientras que la fotomicrografía es el registro de objetos sumamente pequeños, difícilmente visibles a simple vista, cuya imagen es proyectada a través de un microscopio y capturada con una cámara insertada en éste. Uno de los pioneros en esta técnica fue el médico francés Alfred Donné, que en 1840 captó una fotomicrografía de sangre de rana. Actualmente existen fotomicroscopios que integran la cámara y el microscopio. También se incluyen dentro de la fotografía científica técnicas como la fotografía infrarrojala fotografía ultravioleta.

Como conseguir profundidad de campo ilimitada:

Con DOF debido a la capacidad para componer un gran número de imágenes. Este proceso se denomina “acumulación”.Tomando una serie de imágenes, cada una en una zona de enfoques diferentes pero que se superponen, y el procesamiento de las imágenes de apilamiento de software para la producción de una imagen final compuesto que retiene sólo las zonas de corte. La imagen resultante puede tener DOF ilimitado. Es evidente que ni el sujeto ni la cámara deben moverse durante las tomas.

Regularmente se utilizan en composiciones de paisaje para lograr un enfoque nítido desde inmediatamente delante de la cámara hasta el infinito.

Es en la fotografía macro donde se presenta la mayor dificultad en la consecución de DOF; por ejemplo en 1x (tamaño real), el DOF para ƒ/16 es sólo 2.24mm. En 5X, es 0.269mm. En este caso incluso sería necesario un carril de enfoque con un motor para efectuar los pasos en los que se mueva la cámara en muy pequeños tramos, ajustes precisos (de 100 mm a 1 micra) que se calculan y preestablecen en un controlador.

Hay que tener en cuenta que:

  • cámara, lente y la exposición afectan DOF.
  • Hay que elegir la lente y la longitud focal necesaria para enmarcar adecuadamente el tema.longitudes focales más largas producen menos DOF.
  • Hay que elegir un diafragma para aumentar o disminuir el DOF (aperturas más pequeñas producen más DOF) para que el sujeto está enfocado.
  • Hay que elegir la exposición e ISO requeridos para la iluminación adecuada.

se pueden encontrar programas de apilamiento en: www.heliconsoft.com , www.zerenesystems.com , www.adobe.com

Y aquí tenéis un ejemplo que nos presenta Rafael Casaña:

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CUESTIONES SOBRE : EL DIAFRAGMA Y LA PROFUNDIDAD DE CAMPO

La apertura del diafragma, determina la cantidad de luz que el diafragma permite que incida sobre el sensor de nuestra cámara a la hora de tomar una fotografía.

¿cómo se mide esta cantidad de luz? La apertura del diafragma no sólo mide el área del orificio, sino que mide la relación entre el diámetro del orificio del diafragma y la distancia focal del objetivo.

Y en cuanto al “dichoso” número f, no es más que un valor que se adoptó como referencia para la medición de aperturas y que representa la relación entre el diámetro del orificio del diafragma y la distancia focal de un objetivo determinado.

De este modo, para indicar la apertura del diafragma de cualquier objetivo se hace en relación a este número f tomado como referencia. Son valores habituales de apertura del diafragma: f/2.8, f/5.6, f/8, etc.

Así, dos objetivos con una misma apertura de diafragma, por ejemplo f/1.4, dejarán pasar la misma cantidad de luz independientemente de que uno tenga una focal de 200mm y otro de 20mm. Eso sí, para lograr esa apertura, el de 200mm necesitará que el área del orificio del diafragma sea mucho mayor.

los números f que hay que recordar son: f , f/1.4, f/2, f/2.8, f/4, f/5.6, f/8, f/11, f/16, f/22.

A mayor número f, menor apertura de diafragma y, por tanto, menor cantidad de luz que deja pasar, concretamente la mitad que el número f anterior.

Así, al cambiar de un número f al anterior, por ejemplo de f/11 a f/8, se deja pasar exactamente el doble de luz al sensor, y es a eso a lo que se denomina “abrir un paso” el diafragma. Y, al contrario, si lo que hacemos es subir al siguiente número f, estaremos “cerrando un paso” el diafragma.

¿Hay más Números f?

Las cámaras actuales ofrecen la posibilidad de números f intermedios, conocidos como “tercios” y “medios”.

Esto lo que hace es establecer aperturas intermedias entre dos números f. Por ejemplo, si tu cámara dispone de “medios”, podrás cerrar el diafragma en un punto intermedio entre f/2.8 y f/4. Con lo que dispondrás de una mayor precisión.

¿Qué Es la Profundidad de Campo?

La profundidad de campo es la zona de la escena fotografiada que aparece con suficiente nitidez. Se hablará de una mayor o menor profundidad de campo cuanto mayor o menor sea la distancia existente entre el primer objeto y el último de los que salen nítidos en la fotografía (dentro del eje óptico).

 

                               Como puedes ver, la fotografía de arriba  presenta una mayor profundidad de campo al mostrar nítidos ambos planos, por el contrario, la de abajo tiene una menor profundidad de campo, pues la nitidez del segundo plano es bastante limitada.

¿Y De Qué Depende la Profundidad de Campo?

La profundidad de campo depende de la apertura del diafragma, pero no es el único factor que interviene. Los factores que influyen en la profundidad de campo son:

  • Apertura del diafragma.
    • Cuanto menor es la apertura del diafragma, mayor es la profundidad de campo.

 

 

 

  • Distancia focal. Cuanto menor es el valor de la focal, mayor es la profundidad de campo.

 

  • Distancia al plano de enfoque. Cuanto mayor es la separación entre el objeto enfocado y la cámara, mayor es la profundidad de campo.

 

 

Nitidez. Los Números f más adecuados

Si queremos reducir la profundidad de campo de una fotografía (por ejemplo a la hora de hacer retratos), deberemos abrir todo lo posible el diafragma y viceversa.

Sin embargo, hay ciertas aperturas que ofrecen mejores prestaciones en cuanto a la nitidez de la imagen que otras. Concretamente suele hablarse de que las mejores aperturas en este sentido son: f/8, f/11 y f/16, efectivamente, son aperturas intermedias.

La explicación de esto no es fácil, aunque se puede decir que el diafragma tiene la capacidad de corregir algunas aberraciones ópticas mediante la reducción del caudal de luz que se deja pasar, ésta es la explicación de que cuando el diafragma esté muy abierto ofrezca peor definición que en situaciones intermedias como las mencionadas.

En cuanto al porqué de que mayores aperturas también sean menos apropiadas, esto se debe a que a partir de un punto el propio diafragma, como consecuencia de su excesivo cierre, empieza a generar aberraciones (entre ellas la difracción) que limitan nuevamente la nitidez de la imagen.

 

La Hiperfocal. Llevando la Profundidad de Campo hasta el Infinito…

Un término muy importante y tremendamente relacionado con la profundidad de campo, especialmente a la hora de fotografiar paisajes y grandes entornos en los que deseas ampliar la profundidad de campo hasta el infinito, habrá que usar la hiperfocal.

Se denomina distancia hiperfocal a la distancia más próxima a la que debo enfocar con unas condiciones de distancia focal y apertura del diafragma dado para que la zona razonablemente nítida que hay por detrás llegue hasta el infinito.

Una de las preocupaciones de todo fotógrafo de paisaje es conseguir que su foto salga lo más nítida posible, de forma que los detalles que en ella aparecen se aprecien perfectamente independientemente de que estén más cerca o más lejos de la cámara en el momento de tomar la foto. Para ello se juega normalmente con un concepto, la profundidad de campo, pero hay otro concepto a veces no tan conocido e igual de importante, que es la distancia hiperfocal.

La distancia hiperfocal es la distancia mínima a la que se debe enfocar con unas condiciones de distancia focal y apertura del diafragma para que la zona razonablemente nítida que hay por detrás llegue hasta el infinito.

Lo normal cuando estás haciendo fotos de paisajes es usar focales más cortas y aperturas más cerradas. Con ello aumenta la profundidad de campo y la zona nítida de la foto es mayor.

Puede que cuando haces una foto de un paisaje enfoques al infinito y luego hagas la foto. Si haces esto estarás perdiendo la posibilidad de que tu primer plano no salga todo lo enfocado que podría haber salido.

Lo que hay que hacer es conocer la distancia hiperfocal de la distancia focal y apertura que vayas a usar y enfocar a un objeto que esté como mínimo a esa distancia. Con ello conseguirás que la zona nítida llegue hasta el infinito pero también lograrás dar nitidez a lo que se encuentra en primer plano hasta el punto en que la focal y la apertura utilizadas te lo permitan.

Cómo conocer la distancia hiperfocal en cada situación:

Para poder calcular la distancia hiperfocal en unas determinadas condiciones existen en la Red infinidad de tablas y hojas de cálculo que te ayudarán a hacerlo.

El problema de la mayoría de ellas radica en que están hechas para cámaras analógicas de 35 mm, en las que no existía el concepto de multiplicador de la distancia focal.

Para las cámaras digitales hay que tener en cuenta este multiplicador.

Se puede consultar el valor de distancia hiperfocal de un objetivo utilizo el servicio online llamado DOFMaster (DOF de Depth Of Field, Profundidad de Campo). Cuenta con la ventaja de poder seleccionar el modelo de cámara, porque internamente cuenta con el multiplicador de distancia focal de esos modelos y permite calcular correctamente la distancia hiperfocal).

Simplemente hay que seleccionar el modelo de cámara e indicar el parámetro apropiado y listo.

¿Cómo y cuando usar la hiperfocal?

  1. En fotografía de retrato la profundidad de campo juega un papel fundamental. Como podrás imaginar un buen retrato debe centrar la atención de quien ve la foto en el sujeto del retrato y nada más. Eso se consigue reduciendo lo máximo posible la profundidad de campo, generalmente a través del uso de aperturas grandes y focales medias, que harán que el fondo quede borroso.
  2. Por su parte, cuando pretendas fotografiar paisajes o grandes espacios en los que desees que todo se vea nítido, invierte los papeles, usa focales pequeñas y aperturas reducidas, así conseguirás aumentar la profundidad de campo de tus composiciones.
  3. Por último, y como resumen, piensa en la profundidad de campo como un elemento que te permitirá centrar la atención en aquellos puntos de la imagen que estén más nítidos y dando mayor o menor profundidad de campo a tus fotografías darás una sensación de profundidad o de cercanía en función de tus necesidades.

COMO LEER LAS ESCALAS

  • Cuando la lente tiene una escala de distancia y una escala de profundidad de campo

 

  • Esta imagen muestra la escala de profundidad de campo en una lente. Existen códigos de colores índices para cada número f en cada lado del índice de enfoque.
  • Enfoque de la lente en la distancia hiperfocal para un determinado número f es fácil: establecer el índice de número f en un lado de la escala de profundidad de campo bajo el símbolo de infinito en la escala de distancia.
  •  La lente en la imagen anterior se centra en la distancia hiperfocal para f/16. El índice de color cian para f/16 a la izquierda del índice de enfoque se coloca bajo el símbolo de infinito en la escala de distancia. El índice de color cian para f/16 a la derecha del índice de foco se encuentra en alrededor de 9 pies en la escala de distancia. El índice de foco está en alrededor de 18 pies. Así, para este ejemplo, la distancia hiperfocal es de aproximadamente 18 metros, y la profundidad de campo oscila desde aproximadamente 9 metros a infinito cuando la lente se ajusta a f/16.
  • La foto de abajo muestra cómo enfocar la lente a la distancia hiperfocal de f / 8 f/16

 

  • Cuando la lente tiene una escala de distancia, pero no tiene una escala de profundidad de campo
  • Esta imagen muestra la escala de distancias en una lente de zoom de 28mm-80mm en una cámara de 35 mm. La lente se encuentra en la longitud focal de 28 mm.

 

 

 

 

 

¡Muy interesante!

Aquí os dejo una  lectura de la caverna platónica en clave de TV. Un buen análisis del poder periodístico y de las graves consecuencias que el analfabetismo funcional inducido genera en la democracia del s XXI. Todos los eufemismos que se usan como tapaderas, sirven a eso, a tapar la verdad que está en el sujeto y no en el constructo de lo real. Ahí es donde se generan las mentiras. Aunque a mi me cuesta, y mucho,  creo que hay que desengañarse del desengaño y luchar contra el engaño, que cada vez es más sutil. Este escrito de A. Palao es muy interesante y útil.

Texto:

El relato era mentira pero la narración era verdad: Jordi Évole y el teorema de Fox Mulder (I y II)

Bueno, ya está. Este artículo llega unos días más tarde que todos los demás porque, lo reconozco, soy un poco ignorante: me ha costado un tiempo saber qué pensar, cuando ante un evento mediático de este tipo –parafraseando a Lacan diríamos que los eventos mediáticos, en tanto que son falsos acontecimientos, son los únicos actos logrados-  todo el mundo necesita mostrar que sabe, que no ha sido pillado por sorpresa, que ha sido capaz de formar rápidamente una opinión. Es una de las lacras mucha “crítica” periodística, la necesidad de una evaluación ready made, inmediata y, para evitar ansiedades y sobresaltos, mejor si diáfana y maniquea. Todo lo que he leído -incluidos los dos mejores artículos que han caído en mis manos el de Milagros Pérez Oliva en El País y el de Celia Dubal en estas mismas páginas-, van del lado del juicio deontológico (si Operación Palace se ajusta al código de “buenas prácticas” –siempre me ha hecho gracia esta expresión, no sé lo que pensará de ella un becario-) o estético: sabiendo ya que habíamos asistido a una ficción, ¿conseguía sus efectos emocionales, estaba a la altura artística de sus precedentes, había sido acertado el experimento, su supuesto fin pedagógico como aviso del engaño justificaba los medios?

parafraseando a Lacan diríamos que los eventos mediáticos, en tanto que son falsos acontecimientos, son los únicos actos logrados

Ahora bien, me parece que en este debate sobre la verdad y la mentira, la efectividad y el espectáculo, el negocio y la proporción de los recursos, la audiencia y la honradez brechtiana hay algo que se ha soslayado continuamente: la responsabilidad del espectador. Es decir, la dimensión no deontológica, sino propiamente ética. La pregunta  clave es: ¿por qué pudimos y consentimos en sentirnos engañados? Yo no soy un espectador habitual de Salvados porque donde la mayoría de mis correligionarios ven a un periodista extraordinario, yo tiendo a ver un maestro de la retórica. Por deformación profesional, uno sabe que un plano unos segundos más largo, la exacta inserción del mismo en la secuencia, un juego con la escala, el enfoque y la voz en off, pueden hacer creer a cualquiera que  estamos ante un logro del periodismo de denuncia, ante una imposición de la verdad. Un “¡Mira cómo pilló a Cotino (o a Cayetano de Alba) en fuera de juego!”, son para mí “mira qué bien ha jugado sus bazas audiovisuales en la mesa de montaje”. Pues, pese a todo, el profesor Palao, hecho al desengaño, al análisis, a mirar la tele desde un lugar perverso y deconstructivo se sintió realmente desubicado y perplejo durante una buena cantidad de minutos, sin saber a ciencia cierta qué debía creer o qué no. Con otras palabras, me sentí construido como espectador, encajado en el traje de pino de la audiencia, durante más de media hora. Debo ser la medalla de plata tras Beatriz Talegón, sólo que a mí no se me ocurrió ir tuiteándolo, porque, aunque sólo sea por edad, engañarme sobre los estados del mundo puede ser más o menos fácil, pero engañarme sobre mí mismo y la lucidez de mis desengaños va costando cada vez más. El caso es que sí, que el relato era mentira pero en esta disposición a creerlo o, más tarde, a asentir a él como una especie de propuesta artísico-informativa había algo que pensar. El relato era mentira, sí, pero en el hecho de narrarlo había una verdad. Porque la verosimilitud es imposible si de parte del espectador no hay una actitud claramente colaborativa. La pregunta, por tanto, debería ser doble. Primero, qué nos ofrecía exactamente Jordi Évole. Pero, segundo, qué pusimos de nuestra parte para que su propuesta tuviera el éxito que tuvo en inducirnos a creer momentáneamente en su veracidad o, al menos, a asentir a su pertinencia.

Por deformación profesional, uno sabe que un plano unos segundos más largo, la exacta inserción del mismo en la secuencia, un juego con la escala, el enfoque y la voz en off, pueden hacer creer a cualquiera que  estamos ante un logro del periodismo de denuncia.

Se ha hablado mucho del falso documental y sus precedentes como la fuente de la que bebeOperación Palace. Pero parece que nadie ha reparado en que muchas de las series de ficción norteamericanas de culto de los últimos tiempos, con egregios y galardonados ejemplos comoBreaking Bad y Homeland  a la cabeza, han basado su continuidad en una versión perversa del suspense que hacía que el espectador siempre supiera de la verdad más que lo sabido oficialmente en el mundo de la ficción por los personajes –ésa es la clave del suspense según Hitchcock le confesó a Truffaut- y sintiera a la vez un enorme alivio en ser privado del goce de que esa verdad se hiciera efectiva en la trama y tuviera consecuencias que desenlazaran el conflicto… Brody o White siempre evitaban ser atrapados, que el saber que el espectador tenía sobre la trama y sus culpas se hiciera efectivo en el relato y propiciaran su fin. ¿No es éste exactamente el mecanismo de Operación Palace: vas a saber lo que al mundo en el que la acción se desarrolló le ha sido hurtado? Al fin, este apócrifo Salvados jugó con los formatos del infoentretenimiento, pero también con los de la serie de ficción. La diferencia es que, como ha aprendido a hacer el espectáculo televisivo, el mundo narrativo (diegético dicen los especialistas) aquí estaba sabiamente orquestado a través de las redes sociales. Twitter hacía el papel de las familias de White y Brody. Siempre al borde de descubrir la verdad traumática sobre el protagonista, siempre consiguiendo poner a salvo el núcleo de su ignorancia para que la ficción pueda seguir alimentando la fidelidad del espectador, que anhela y teme a la vez que el simulacro pueda tener fin por medio de la confesión del protagonista, como en las historias de detectives clásicas. Hasta que llega el final mortífero y el desengaño, que nos pilla con el mando en la mano. Como a Walter White, por cierto.

Évole es el que crea esta colaboración social, que convierte a la audiencia en parte imprescindible de ficción y recobra el prime time como sede del espectáculo informativo. El teaser del episodio nos presenta a una muestra aleatoria de espectadores (todo muy en la órbita de la ciencia social, que es el principio de realidad del sistema) a los que se encierra en una sala de vídeo y se les muestran los veinte primeros minutos del reportaje. El primer espectáculo es del contracampo, la mirada especular de la opinión pública henchida de deseo por el saber que se les promete. Para el espectador de televisión, las miradas atónitas de estos azarosos conejillos de indias, sus representantes en la pantalla son un acicate para la identificación. Pero Évole se ofrece también a sí mismo: su trabajada (en el sentido del arti-ficio) fama como denunciante oficial y látigo de élites corruptas en tiempos de crisis. Con programas como el dedicado al accidente de metro de Valencia, se ha convertido para la izquierda en el adalid de la ética de la denuncia, de la eterna promesa de revelaciones que convulsionarán la apatía social, de la capacidad de volver a aglomerar a la audiencia en un espectáculo de la realidad que no sucediera en un plató, como los actuales talent  y celebrity shows, que necesitan controlar todo lo acontecido en un circuito cerrado y eternamente, panópticamente, monitorizado.

Pero Évole se ofrece también a sí mismo: su trabajada (en el sentido del arti-ficio) fama como denunciante oficial y látigo de élites corruptas en tiempos de crisis

La pieza propiamente dicha comienza con un opening de lo más cautivador: la apertura y la indagación en archivos secretos, que cuenta con el trasfondo de los fenómenos leaks de los últimos tiempos, pero regalándole al espectador, no unas ristras inarticuladas de datos impenetrables, sino el plus de un relato audiovisual perfectamente montado, articulado y comprensible. Una serie de personajes claramente reconocibles empiezan a desfilar prometiendo el desvelamiento de un secreto y recortes de periódico agitados por el viento se posan sobre un tablón con la disciplina de las pantallas de Windows. Y después, la clave de toda buena propuesta fílmica comercial: una acertada elección del reparto. Es parte esencial de la verosimilitud que los personajes que aparecen sean absolutamente fiables para la comunidad izquierdista española, que somos la audiencia modelo de Évole. Hay, pues, un triple puzzle que encajar: los personajes que fuera creíble que asistieran a la reunión del Hotel Palace, los que van a dar sus testimonios en directo, -que no pueden ser aquéllos, excepto en dos casos, pero que tuvieron que tener conocimiento de primera mano-, y los datos cruzados con Volver a empezar. Todo está muy cuidado, como en todo buen relato policíaco, para dejar todas las pistas a la vista, pero con su código gramatical oculto para que no puedan ser leídas por el espectador que, antes que nada, no es precisamente, como buen progresista, seguidor del cine Garci. Esta es una coartada bien elegida para espetarle al espectador: podrías haberte dado cuenta de que la clave para descifrar el enigma está en Volver a empezar, cuya relación con la trama es reiteradísima. Pero se juega con la certeza de que el espectador o bien no la ha visto (ni siquiera Beatriz Talegón, que se lo había leído todo) o bien no la tiene presente como una gran referencia cinematográfica. Los chascarrillos tuiteros sobre por qué Garci y no Berlanga, por ejemplo, (nadie habló de un genio como Erice, porque Tejero estaría aún llamando al telefonillo del Congreso a ver si le abrían) tienen esta respuesta. Garci no es un director de culto para el espectador potencial de las propuestas de Jordi Évole. Una película célebre mediáticamente –el primer Oscar español- pero no recordada en sus detalles por casi nadie.

Todo está muy cuidado, como en todo buen relato policíaco, para dejar todas las pistas a la vista, pero con su código gramatical oculto para que no puedan ser leídas por el espectador que, antes que nada, no es precisamente, como buen progresista, seguidor del cine Garci

A partir de ahí, si se capta que Abejara, el agente del CESID, es un personaje de ficción, todos los demás han de pasar a ser investidos del mismo estatuto. Simplemente, ciertos personajes civilmente reales les ofrecen su piel como máscara. Ahora bien, esa máscara no es en absoluto irrelevante. Los testimonios tenían que estar sustentados en personalidades perfectamente creíbles socialmente. Primero, habían de ser cadáveres políticos, glorias del pasado. Segundo, su testimonio había de generar simpatía o confianza en el espectador progresista. Hay algunos muy significativos: Leguina, auténtico canto él mismo a la nostalgia de lo que Madrid pudo ser y no fue; Verstringe, antiguo delfín de Fraga defenestrado por éste y ahora desertor de la derecha y tertuliano de izquierda; Anasagasti, antimonárquico confeso; Alcaraz, tuitstar republicano y comunista. Pero el gran as sobre el tapete es Mayor Zaragoza, que juega en todos los niveles: fue un cargo franquista, ministro con la UCD, ¡Director General de la UNESCO!, y en los últimos tiempos simpatizante de la Indignación y el 15M, que, por criticado y acusado de ser un fracaso que sea, es la reserva espiritual de la izquierda española y de todos los actos que la mantienen viva (manifestaciones, antideshaucios, escraches, etc.)

Con los periodistas pasa lo mismo. Onega es fiable por anodino y neutro. Ansón no sería fiable por su ideología ultramontana, pero lo es por ser un histórico no sólo del periodismo sino de la filiación monárquica. No sería creíble hablando de Rajoy, pero destapando una vergüenza del rey es palabra sagrada. ¿Es necesario decir algo de Gabilondo? Ah, sí: era director de informativos en la época y el que dio el primer parte televisivo tras el golpe y anunció el mensaje del rey.

Y con esto pasamos a las claves genéricas del falso documental, que, evidentemente, también son muy importantes. En diversas ocasiones he defendido que la poética predominante del documental postclásico es la del making of y su recurso esencial, la imagen de archivo, elmetraje encontrado (found footage, dicen los ingleses) inédito. En efecto, el documental actual suele ofrecerse como el “fuera discurso” de los media, como el contracampo, lo que no se mostró o lo que muestra cómo fue posible un determinado ítem mediático. La famosa frase de Wyoming, “ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad” es el lema esencial del documental contemporáneo y Évole lo rentabiliza a la perfección. Por ello, establecer enlaces entre las imágenes previamente difundidas, los testimonios recabados y las imágenes inéditas es un modo esencial de garantizar su verosimilitud. Es una poética puzzle. El documental está plagado de imágenes de archivo por todos conocidas que ejercen una función indudable de refuerzo de la verosimilitud. También, los errores o deslices del pasado son para el espectáculo audiovisual contemporáneo un índice de verdad (véase, por ejemplo, cómo se descubre el terrible secreto de Pre-Crimen en Minority Report y, en general, cómo los fallos en el montaje audiovisual son esenciales en la resolución de tantos crímenes cinematográficos y televisivos contemporáneos) porque el espectador es –paradójicamente- muy consciente de los trucos que permite la técnica audiovisual, en una época en la que las tecnologías digitales se han convertido en casi universalmente accesibles. Évole utiliza este recurso perfectamente cuando nos muestra a Suárez en una entrevista de 1995 arrepintiéndose justo a tiempo de hacer una supuesta revelación o cuando se nos cuenta la improbable vista de lince del reportero de la Ser que identificó que Tejero era un teniente coronel. El colmo de la verdad es la falta de imagen, error en el que nos hace caer Gabilondo al hacer notar lo improbable de que no hubiera un solo registro de la toma de RTVE por los golpistas. En fin, el propio montaje orienta perfectamente el sentido y el engaño (recuérdese, en las tomas falsas, a Ansón negándose a decir algo porque no sabe “qué vais a poner detrás”) y, cuando pudiera haber alguna laguna, la voz en off se encarga de velarlas.

La famosa frase de Wyoming, “ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad” es el lema esencial del documental contemporáneo y Évole lo rentabiliza a la perfección

Bien, ahora que ya hemos visto algunas claves del cebo que nos ofreció Jordi Évole, lo que necesitamos saber por qué decidimos morder. Este espectador digital y nada ingenuo, que sabe de los trucos y procedimientos del audiovisual, este progresista decidido, que es el público “natural” (perdón por el oxímoron) de Évole y su propuesta,  se ha revelado como un crédulo del desengaño. ¿En qué creemos los crédulos del desengaño? Intentaremos dar algunas respuestas a esa pregunta la próxima semana y entender por qué el debate posterior no se centró en el experimento al que acabábamos de asistir y sí en alentar las esperanzas neoconstituyentes, republicanas y liberal-informativas de su fiel audiencia izquierdista.

 

Hasta ahora hemos sostenido que, al menos en su vertiente imaginaria (lo que uno cree que es como audiencia y con quién supone estar compartiendo la emisión) el espectador-tipo de Salvados es un decidido progresista e izquierdista. ¿Pero, nadie se ha dado cuenta de que, con la excusa de que los Borbón se han ganado en los últimos años fama de corruptos y de ello se extrae tranquilamente la deducción de que la transición española fue un vil y sucio apaño, los que se tragaron la trolilla de Évole estaban perfectamente dispuestos a creer que todos los políticos, incluidos los que tenían años de muy dura lucha antifranquista a sus espaldas, eran unos farsantes y que Miláns y Armada eran unos héroes de la patria, dispuestos a ir a la cárcel y sacrificar sus carreras, y Tejero un honestísimo e ingenuo pardillo? ¿De verdad alguien puede creer que en una trama semejante podía no haber participado de forma destacada la banca y la gran empresa y que se podía llevar a cabo con una componenda entre políticos y periodistas con la mínima colaboración de tres o cuatro militares y un director de cine? ¿Creer eso es de izquierdas o de derechas?

El problema de la izquierda española es que sólo tiene una creencia fija: nos engañan. Pero, al contrario de lo que pudiera parecer, eso no significa ser un descreído, sino un creyente vocacional. Por esta razón hemos echado mano en estas páginas del famoso personaje de Expediente X. El agente Fox Mulder tenía dos principios básicos: La verdad está ahí fuera y Quiero creer. Bueno, nos viene de maravilla porque esta es exactamente la paradójica situación del progresista español: nos han engañado, creíamos que teníamos derechos que nos han robado diciéndonos que no había otra solución, etc. Pero a su vez, somos increíblemente crédulos: a la mínima vemos una victoria de nuestras mareas, una derrota del Partido Popular a manos de algún movimiento popular, un gran logro en alguna condena judicial a un corrupto y magnificamos con frecuencia la muy legítima alegría por haber detenido un bárbaro desahucio. Pero toda esa euforia se torna en depresión cuando somos derrotados en unas elecciones. De algún modo, parece que a la izquierda española le interesa creer en el desengaño como fórmula para disolver el engaño del sistema a las masas que nos está haciendo perder elecciones dos años seguidos (parecen más, ¿verdad?) pero a su vez nos empeñamos en buscar mesías informativos y políticos (sí, los dos gremios de los que oficialmente más desconfiamos) que hagan verdad nuestro desengaño y deshagan el nudo gordiano de nuestro engaño, en vez de darle un democrático espadazo y pasar a otra cosa. Podemos es el efecto más claro del intento de integrar a los descontentos en el sistema por la puerta grande, un proceso electoral. Los izquierdistas descreemos del simulacro pero, paradójicamente, hemos ido creando una mitología del desengaño que nos lleva a asentir impulsivamente a la simulación, la inminencia de una verdad final, a la espera del mesías redentor.

El problema de la izquierda española es que sólo tiene una creencia fija: nos engañan. Pero, al contrario de lo que pudiera parecer, eso no significa ser un descreído, sino un creyente vocacional.

Para orientarnos en este ámbito paradójico, tal vez, lo primero que habría que hacer es una aclaración terminológica, porque el concepto de izquierda  es cuanto menos ambiguo. Por un lado tenemos  la izquierda en el sistema y por otro,la izquierda que pretende rebasar el sistema. La primera, heredera de cierto regusto marxista por las estructuras partidarias y por la concurrencia a los procesos electorales de todo tipo, es, no tengo muy claro si a su pesar, parte del espectáculo y de sus contratos implícitos (y muchas veces inconscientes).  De hecho, hace poco asistí en Facebook a un cruce de declaraciones entre jóvenes militantes de IU que discutían algo así como un programa (Anguita hubiera babeado de placer) o ponencia política en los que vi un goce burocrático verdaderamente alarmante en gente de 20 años. De hecho, cuando algunas opciones políticas dicen no ser de derechas ni de izquierdas, lo que pretenden es colocarse al margen de esta dialéctica especular y básicamente bipartidista del sistema. Lo que me molesta más es que intenten hacer pasar esto por una opción novedosa: es lo que hicieron todos los movimientos fascistas en los años 20 y 30 del siglo XX.

La segunda izquierda, por su parte, debería de huir de las agendas y los modos de comunicarse de la anterior, plagiados de la derecha, a la que dice combatir pero en realidad sólo discute. Al sistema le interesa identificar a estos antisistémicos como cuatro extremistas locos y pirómanos, pero yo creo sinceramente que hay una alianza de base entre las tendencias anti-sistema y el sentido común, porque viendo lo mal que funciona el capitalismo para la inmensa mayoría lo más radicalmente ecuánime es ver las formas posibles de rebasarlo. Creo sinceramente que en nuestra sociedad somos muchos los radicalmente antisistema que no tenemos ninguna tentación incendiaria, violenta ni extremista. Por eso sigo creyendo en el 15M como el acontecimiento más auténtico de los últimos años, siempre que no haya alocadas prisas por ratificar su éxito, porque, a diferencia del triunfo y del cambio cualitativo radical, el éxito siempre se produce dentro del sistema: para éste el éxito es alcanzar el poder (ahora se dice “empoderarse”) no acabar con él en cuanto estructura, por utópico que parezca ese horizonte.

Al sistema le interesa identificar a estos antisistémicos como cuatro extremistas locos y pirómanos, pero yo creo sinceramente que hay una alianza de base entre las tendencias anti-sistema y el sentido común

Nada más lejos de mi intención que repudiar a los partidos de la izquierda parlamentaria, pero sí que me parecería oportuno negarles la plácida comodidad de nuestra posición pasiva como simples electores. De hecho, entre ambas izquierdas hay un proceso de ósmosis constante a la busca de alianzas, hegemonías, pequeñas o grandes victorias parciales. Lo que sucede es que al sistema le interesa la domesticación de la izquierda antisistema enseñándole la zanahoria de posibles logros y victorias en el interior de las reglas de juego que les hagan soñar que son conquistas irreversibles.

Pues bien, una de las principales estrategias para la absorción de lo antisistema es convertirlo en opinión pública, en audiencia, en espectador adecuadamente representado, en testigo pasivo de la verdad enunciada. La fascinación por el supuesto buen decir de Jordi Évole o de Pablo Iglesias tiene mucho que ver con esto: qué bien habla, qué buen periodista es. El riesgo es la creación de un modelo comunicativo y mediático “de izquierdas” con las mismas claves espectaculares y de negocio que el de las grandes corporaciones mediáticas de la derecha, que acabe agasajando al espectador integrado en lo que en otro lugar he llamado una “comunidad de goce”, que le atrape en una la grupalidad intransitiva y en el puro placer de autorreconocerse a la espera pasiva de la mayoría natural. Independientemente de los argumentos, no soy el primero en señalar que el incipiente republicanismo – yo creo que es obvio que hace cuatro o cinco años el republicanismo en España estaba fuera de la agenda y era puramente testimonial por muy plausible que fuera- y los procesos neoconstituyentes de los últimos tiempos, así como el proceso por el derecho a decidir en Catalunya pueden interpretarse en parte como un intento de reconducir por la vía civil y ciudadanista lo más alternativo y contrasistémico del movimiento indignado  de 2011 (véase el magnífico volumen El arte de la indignación, coordinado por Ernesto y Fernando Castro en Editorial Delirio, para mí el más profundo y brillante estudio que se ha escrito sobre el 15M). Es por este camino que se puede explicar la colaboración de ciertos personajes de relumbrón (Ansón, Gabilondo, Onega, Mayor Zaragoza) en Operación Palace. Y se explica también el contenido del debate emitido a continuación: se trataba de ofrecer una representación consensual y una alternativa sistémica a la izquierda, es decir, respetando el carácter esencialmente publicitario de la lucha para conformar  mayorías parlamentarias.

Pues bien, una de las principales estrategias para la absorción de lo antisistema es convertirlo en opinión pública, en audiencia, en espectador adecuadamente representado, en testigo pasivo de la verdad enunciada

La cuestión es que para atacar la línea de flotación del PP, que ha basado su estrategia en los últimos años en sacralizar y dogmatizar el consenso del 78 como algo inamovible -la derecha, que no se aclara muy bien con el término porque no es connatural a su autoritarismo genético, ha confundido consenso con concordato y paz con silencio de los rojos-   lo que los medios de la izquierda sistémica han ideado es apelar a la convicción absoluta en que la Transición fue un episodio deleznable. La hagiografía de la Transición –sin duda, uno de los episodios menos indecentes de la historia de España- ha dado paso a la demonización del régimen del 78 y ahora parece que esa conquista no masivamente cruenta, que no pacífica, de la democracia formal sea una segunda leyenda negra. ¿Es que nadie recuerda lo que era la espada de Damócles de un ejército español plagado de fascistas y absolutamente leal a su difunto jefe supremo?

Yo también creo firmemente que el régimen del 78 está periclitado, pero no pienso que su alcance fuera un engaño ni un fracaso social. Eso no lo convierte en sagrado, pero tampoco en un episodio diabólico. La Constitución del 78 está llena de trampas que permiten un control del pueblo por una minoría, pero al menos ha sedimentado un nivel de libertades morales y de expresión que permiten pensar en avanzar mucho más allá. Cierto que fue un apaño entre traidores. Javier Cercas, que es de mi generación y cuya familia es de una extracción social muy parecida a la mía (católica y no combativa con el franquismo), lo vio y lo retrató certeramente. Gracias a que los hijos de muchas familias de derechas nos pasamos al bando contrario pudo operarse el cambio político. Y cierto que hubo cesiones, como en todo consenso. Y cierto que, si la derecha siguió manteniendo la propiedad de los medios de producción, cedió mucho menos que la izquierda. Pero si acabamos pensando que todo es lo mismo, que entre el franquismo y el régimen parlamentario no hay diferencia alguna estamos renunciando no sólo a la verdad, sino a la libertad. La ética consiste en la posición de absoluta libertad del sujeto frente al hecho de la imposibilidad de su absoluta autonomía, es decir, ante el hecho del imposible devenir objetivo de su fundamento. De ahí, que en pactar no haya nada deshonroso ni menoscabo alguno de la radicalidad del planteamiento. Y de ahí, también, que ningún consenso pueda ser eterno.

La Constitución del 78 está llena de trampas que permiten un control del pueblo por una minoría, pero al menos ha sedimentado un nivel de libertades morales y de expresión que permiten pensar en avanzar mucho más allá. Cierto que fue un apaño entre traidores

Así nos topamos con el teorema de Fox Mulder. Al fin y al cabo si nos podíamos creer lo que nos contaba Évole era precisamente porque nos contaba que todo era mentira, que es en lo único en lo que está autorizada a creer la opinión pública española. La convicción de que estamos siempre siendo engañados es una forma de tenernos maniatados sublime y genial: de este modo estamos condenados a no tener nunca un encuentro con la verdad. Más que nada porque estamos siempre esperándola del Otro (el periodista, el político, el policía, el juez; sí, los cuatro poderes). Vivimos en una economía política del secreto y de la corrupción, que es su corolario, precisamente porque la exigencia de transparencia ha acabado arrinconando a una virtud esencial para cualquier relación colectiva: la honestidad. Y llegamos a considerar plausible la posibilidad de un pacto de lealtad en la mentira al pueblo entre políticos y periodistas que dure más de treinta años. Necesitamos creer y, como no encontramos otra verdad, nos aferramos como un clavo ardiendo a la creencia de que todo es mentira.

Pero la fe en el secreto no es sino la fe en la información y en su capacidad de ser ocultada. Vivimos en tiempos de hipervisibilidad en los que vemos natural que haya “profesionales de la verdad”, gente que haga de enunciarla su modus vivendi. Me parece como mínimo escandaloso. El trabajo de los periodistas es suministrarnos la información, nunca fabricarnos la verdad. Eso es tarea nuestra. Creemos firmemente que los poderosos nos ocultan secretos sobre sus corruptelas, sin embargo no queremos saber nada de enigmas. Pero el único camino a la verdad es la reflexión crítica y la honestidad, intelectual y moral. La verdad está en los enigmas y su desciframiento –ver que en los resortes de funcionamiento del mundo no hay nada de natural y eterno y preguntarnos el porqué de las cosas y el cómo de su transformación-, no en los secretos y su revelación profesionalizada en manos de juristas, informadores y representantes institucionales. No es ésa su función.

La convicción de que estamos siempre siendo engañados es una forma de tenernos maniatados sublime y genial: de este modo estamos condenados a no tener nunca un encuentro con la verdad

Pero la gran mayoría hemos decidido no desconfiar de la creencia, sino creer en la desconfianza. Como Fox Mulder, en tanto opinión pública, damos por hecho que hay una verdad y que sus dueños son los poderosos. La ocultan porque quien posea esa verdad posee el poder. Ahora bien, ¿no podría ser que lo único que le interese al poder sea tenernos entretenidos, no ya buscándola, sino esperando que alguien los la revele y nos –odio esta palabra “autoayúdica”- empodere? La cuestión es que mientras esperamos la verdad no hacemos algo que sería mucho más interesante: tomar la voz para inventarla. Quede claro que entiendo por inventar la verdad algo muy distinto de inventársela. Inventar la verdad es cambiar las claves de interpretación del mundo y los objetivos colectivos. Inventar la verdad no es dar unos datos falsos del paro o del crecimiento, inventar la verdad tiene más que ver con considerar que si alguien no tiene capacidad de crear trabajo y distribuir riqueza no tiene ningún derecho a ser propietario de medios de producción.

Inventar la verdad es lo que tiene que hacer todo sujeto para vérselas con la miseria, no ya de la filosofía, sino en general de su estar a solas, abandonado en el mundo. El trabajo de inventar la verdad es perentorio y urgente: pero precisamente porque no está ahí fuera no se puede hacer con prisas. Hay que inventar la verdad de cada uno para inventar la verdad de un futuro común. Es un proceso simultáneo y dialéctico, que no interactivo. En el eterno ahí fuera de Fox Mulder no hay nada común porque no hay nada íntimamente singular. Por eso es imposible que una verdad que creamos preexistente a nuestro hallazgo, sea capaz de convertirnos, de transformarnos, de inventar un lugar desde el que ver el mundo y de inventar otro mundo desde él.  El “out there” en el que Fox Mulder creía que se hallaba la verdad no es locomún, en todo caso sería lo público. Y lo público está tan colonizado, tan  inextricablemente unido a lo privado (no creo que haya duda alguna de que el concepto moderno de res publica está indisolublemente unido al capitalismo) que es imposible hallar en él cifra de una singularidad auténtica. Los desengañados se engañan. El optimismo y la melancolía, la euforia y el pesimismo forman un cuadrilátero mortífero del que sólo nos pueden redimir virtudes mucho más abnegadas: la alegría, la ironía, la inventiva, el entusiasmo. La pasión por la verdad de los hechos es una pleamar que anega de ignorancia la verdad del deseo y la lucha por transformar el mundo.

… la gran mayoría hemos decidido no desconfiar de la creencia, sino creer en la desconfianza

Evidentemente la cuestión necesitaría un análisis mucho más minucioso que no puedo desarrollar por un imperativo de espacio y de economía de la atención digital: no paro de oír que hoy nadie lee más 400 o 500 palabras y yo ya llevo muchas más. Espero que quien haya llegado hasta aquí se sienta halagado en sus virtudes cognitivas (el que no, obviamente, tampoco se va a sentir ofendido). Y que al menos quede perplejo. En efecto, no he dejado nada claro. Nos decía Rajoy esta semana que no neguemos la evidencia de la salida de la crisis por nuestra insana lealtad a ideologías caducas. Eso sí es claridad. Habrá que responder con algo nuevo porque evidentemente la desvergüenza y la mentira algunos la reinventan cada día con un desparpajo envidiable. Ojalá ese espectáculo también fuera sólo un falso documental. Pero no lo es. Está ahí fuera, sí, pero no oculto como un secreto sino ante los ojos de todos, como un enigma que exige ser entendido y descifrado.

José Antonio Palao Errando

Profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la  Universitat Jaume I de Castelló

 

25 octubre 2013

En los premios Príncipe de Asturias, tras el de los años 1988 a Salgado, se ha reconocido a Annie Leibovitz. Ha sido un placer oírla en directo reivindicar a Susan Sontag y compartir con ella ideas como que:

-el poder de la fotografía es tener, poseer una parcela de la realidad y transmitirla a los demás, antes de que desaparezca…

-fotografiar es mirar y comprobar que he mirado bien…

-la fotografía es siempre la expresión de un punto de vista….

– es el fotógrafo quien registra la experiencia de una mirada y lo hace en una imagen…

-la fotografía surgió para que todos pudiesen retener el presente de su amor, su familia, su realidad… ser fotógrafo es una elección…

-la fotografía representa la vida misma…

 

 

 

Taller de cámaras analógicas en AGFOVAL:

http://www.flickr.com/photos/photongrafos/8532738172/in/set-72157632926214090/

 

 

 

 

exposició de dones fotografes:

http://agfoval-tablon.blogspot.com.es/2013/02/exposicion-de-dones-fotografes-de.html

 

 

Worldpressphoto 2013:

World Press Photo

 

 

 

En AGFOVAL tuvimos la ocasión de escuchar de sus propios autores, explicaciones sobre las fotografías que presentaban, para definir o justificar en qué consiste la Street Photografy. El método, los trucos personales, el equipo fotográfico que emplean y en definitiva la peculiaridad que tiene este tipo de trabajo fotográfico frente al retrato, el reportaje y la fotografía social. Como siempre estuvo muy interesante y didáctico.

http://www.flickr.com/photos/photongrafos/sets/72157632678651972/

 

 

 

“WORLD PRESS PHOTO 12” EN LA “FUNDACIÓN CHIRIVELLA SORIANO”.- VALENCIA

http://www.teuladi.es/evento-26033-world-press-photo-12.html

 

Amb altres ulls

Fotografia participativa amb xiquets del Cabanyal

 Del 16 de gener al 17 de febrer de 2013

 Sala Oberta – La Nau

http://www.uv.es/cultura/v/docs/expambaltresulls13.htm

 

 

Actividades de AGFOVAL enero 2013
http://agfoval-tablon.blogspot.com.es/

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